Las buenas y las malas personas según Gómez Besteiro en el adiós del PSOE a la alcaldía de Lugo
Enrique G. Souto
Lugo, mayo 2026
Las palabras, ya se sabe, moldean la realidad. Eso que ahora llaman relato es el cuento del día a día, con el que una parte del conjunto social intenta imponer al resto la versión más favorable a sus intereses. En la dirección del PSOE gallego, ayunos como nunca de verdadero discurso político, carentes de un proyecto solvente para Galicia, intentan tejer con palabras explosivas el relato que enmascare sus insuficiencias; pretenden que les sirva de vía de escape del desastre que es para el partido su acción cotidiana. Sin nada sustancial que ofrecer a los gallegos, quizá, solo quizá, temerosos del rastro que han dejado allí donde gobernaron y comprensiblemente preocupados algunos por su futuro laboral, apelan a la tensión política como argumento para aguantar en el cargo un día más, una semana más, un mes más. Lugo, con frecuencia laboratorio de la política gallega, es ahora el escaparate en el que los socialistas exhiben estos días, apeados del gobierno local por vía de moción de censura, sus carencias y artimañas. Los delatan las palabras, los calificativos con los que pretenden rentabilizar la polarización en la que chapotean inspirados en el más ruin sanchismo zapaterista (por cierto, Zapatero está investigado por varios presuntos graves delitos). Olvidan que al adjetivo lo carga el diablo y más aún cuando se aplica a las personas. Mientras, el PSOE participa en una moción de censura en Cartagena a la alcaldesa popular.
El secretario general de los socialistas gallegos, José Ramón Gómez Besteiro, ha utilizado con frecuencia en las últimas semanas los adjetivos bueno y malo. Malas personas, dijo Besteiro, son las que promovieron, impulsaron y apoyaron la moción de censura en el Ayuntamiento de Lugo, ahora gobernado por el PP. Buenas personas, señaló Besteiro, son los socialistas que, según él, volverán a gobernar Lugo tras las próximas elecciones municipales. Buenas personas, ellos, los socialistas y los que les permiten gobernar; malas, las otras, los populares y quienes los apoyaron porque, utilizando un recurso absolutamente legal y plenamente democrático como es la moción de censura, los han situado en la oposición después de gobernar Lugo durante cerca de treinta años.
Que el PSOE gallego sólo podía avanzar de fracaso en fracaso era indudable para quienes conocen el paño con el que en su momento se vistió la dirección del partido: con José Ramón Gómez Besteiro en la secretaría general, y Lara Méndez en la Secretaría de Organización. Y como alcalde de Lugo por accidente, ahora exalcalde, Miguel Fernández. ¿Qué podía salir mal en el socialismo gallego? Pues eso, lo que le va saliendo mal, en Lugo como en el resto de Galicia. El partido que apoyó la cobarde huida de Lara Méndez de la alcaldía de Lugo (de aquellos polvos, estos lodos) pretende repartir carnés de buenas y malas personas en la vieja ciudad amurallada, mientras aquel otro alcalde que fue víctima de sus manejos, José López Orozco, echa su cuarto a espadas en defensa de los mismos que no tuvieron agallas para sostenerlo en el cargo cuando se desató sobre su cabeza una fiera tormenta judicial. Qué busca Orozco, que no da puntada sin hilo, con su sorprendente vuelta a la actualidad política lucense, vía redes sociales, al calor de la moción de censura en Lugo. ¿Busca recuperar protagonismo en su partido? ¿Intuye que a Besteiro le queda muy poco al frente del PSOE gallego? ¿Teme que el nuevo gobierno local levante las alfombras municipales buceando hasta llegar a sus mandatos? Para Besteiro, Orozco, que fue su mentor, ¿es hoy buena o mala persona? Los adjetivos, ya se dijo, los carga el diablo; piensen en Cartagena.
Para el PSOE gallego, a juzgar por los mimbres con los que Besteiro pretende tejer el relato socialista, el mundo político se divide en buenas personas, ellos y quienes los apoyan, y malas personas, todas las que, practicando el juego democrático, pretenden gobernar allí donde quisieran hacerlo ellos. Cuídese el señor Besteiro de dividir al mundo en buenas y malas personas en función de su afinidad política, porque dentro de su propio partido no son pocos los que, prestos a pasar de buenos a malos, recitan ya aquella coplilla que, según contó el gran Jaime Campmany, el Epigramista Desconocido dedicó en ocasión señalada a Juan Ignacio Luca de Tena: “Hame dado en la nariz, / aunque lo proteja Horacio [pongan, digo, yo, Sánchez], / que El Cóndor de Juan Ignacio / no pasa de Condor-niz”.