Las tiranías crecen sobre la falta de compromiso de los demócratas

Enrique G. Souto

Lugo, 1 de diciembre de 2019

Desde Camus se sabe que «la tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas». En España, tal afirmación debería estar grabada en las puertas de todas las casas. Una y otra vez los españoles han caído en el mismo error y, de nuevo, está ya avanzado el camino para tropezar otra vez en la misma piedra. Las faltas de los demócratas allanan la senda a los que viven de estimular la confrontación, de los que se nutren en la tensión y se hacen visibles aupados en su propio botaratismo, que, en la actual coyuntura, pone en peligro los logros de todo tipo conseguidos a partir de la Constitución de 1978.

Escaldados por la trágica experiencia entonces aún reciente, los «padres» de la Constitución cosieron la paz con sentido patriótico, visión de futuro y enormes dosis de esperanza. Y funcionó. Ha funcionado tan bien que España se sitúa en la élite de las mejores naciones del mundo. Pero, de nuevo, las fuerzas que siempre juegan contra el futuro están desatadas y, frente a ellas, los demócratas son incapaces de alzarse con la valentía y la decisión necesaria para pararlos antes de que sea demasiado tarde y la tiranía totalitaria, bajo sus nuevas formas, gane la partida. Aún hay tiempo, pero cada vez hay menos. En el escenario catalán, la tiranía independentista ya asoma algo más que la oreja, mientras el presidente del Gobierno en funciones hace, prácticamente igual que hizo hasta ahora, como si no ocurriese nada. Con ser esto muy grave, aún lo es más que el ciudadano de a pie, ese que siempre es la primera víctima de los desastres, guarde silencio por temor, comodidad, escepticismo… Quién sabe por qué el ciudadano demócrata, el que solo quiere vivir su vida en paz, es incapaz de entender que son las faltas de los demócratas, de todos los demócratas, los que hacen viables las tiranías.

En la noche del 23F, frente al Congreso, centenares, por no decir miles, de españoles expresaron su oposición a Tejero y muchos de ellos aguantaron, pecho contra pecho, la presión de los ultraderechistas, de los fascistas, que gritaba «Tejero, mátalos». Aquellos ciudadanos de a pie, con su presencia representaban la voluntad de los españoles de vivir en libertad. Ahora, en Cataluña miles de españoles guardan silencio frente al separatismo gamberro, agresivo y despótico; y lo que es peor, millones de españoles, residentes en el resto del territorio nacional, callan. Ni siquiera frente al terrorismo de ETA se dio tal silencio fuera del País Vasco en los años de plomo.

Frente a la tiranía, frente a los que intentan imponerse, vociferantes, por la vía de la amenaza y de la violencia de la pedrada y la patada, a los demócratas les toca levantar la voz, dejar clara su voluntad de lucha por la libertad y la democracia. Y es preciso hacerlo por todos los medios. Es preciso hacerlo también para que los partidos no olviden a quién se deben. Es necesario hacerlo mientras se recuerda el aviso de Camus: «Ellos mandan hoy… ¡porque tú obedeces!». Y tienen que saberlo, no hay que dejar que lo olviden.