Elector, y ahora, ¿qué?

Enrique G. Souto

Lugo, 16 de noviembre de 2019

El inglés Churchill fue prolífico en frases que se convirtieron en citas inevitables en el campo de la política. Una de las muchas frases que se le atribuyen es esta en la que pone negro sobre blanco que «tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador; todos los demás son perdedores». Y así es. Por eso, los electores deben de pensar con calma antes de meter los votos en las urnas. Cuando eso no ocurre, los países se enfrentan a situaciones que los encaminan al borde del abismo. Este es el caso de España. Los electores hablaron y, de nuevo, crearon una situación política imposible, en la que los enemigos del sistema están a punto de alcanzar altas responsabilidades de gobierno. Y ahora, ¿qué? Ahora, con la hucha de las pensiones en mínimos, con la cotización a la Seguridad Social en caída libre, con una nueva crisis económica asomando en el horizonte, con graves incidentes diarios en Cataluña, con el paro repuntando, con creciente inseguridad en las calles… Y ahora, ¿qué?

El PSOE de Pedro Sánchez, que no es el PSOE de Felipe González, de Guerra o Paco Vázquez, abraza al antisistema Pablo Iglesias, del que huyó durante toda la campaña electoral como alma que lleva el diablo. De Pablo Iglesias, Sánchez dijo tantas cosas para no establecer pactos con él que verlo ahora entregado en sus brazos es, más allá del diario sapo cuya ingesta exige el día a día de la política, la más bochornosa demostración de hasta dónde está dispuesto a llegar para mantener el poder. Sánchez sabe que en Podemos está el comunismo y que no es el comunismo de Carrillo, que sería, más que un riesgo, garantía de constitucionalismo. Pero no, el comunismo de Iglesias, y el irresponsable Sánchez lo sabe, es un comunismo antisistema, que detesta la Transición y aboga por el derecho a la autodeterminación de partes de España. Sánchez lo sabe y no le importa; si antes el pacto con Podemos le sacaba el sueño, ahora es lo único que le permite dormir, porque aunque no es suficiente, sí es imprescindible para lograr la investidura como presidente. Y los otros sumandos, los independentistas, afilan sus garras para sajar la unidad de España, para vapulear la Constitución, para llevarse el gato al agua después de haber sometido al país a la vergüenza de los incidentes por ellos impulsados en Cataluña. Más aún, con los que en su día hicieron invivible el País Vasco. Sí, este es el paisaje tras las urnas, elector. Y ahora, ¿qué? Ahora, al escuchar a Pablo Iglesias, a Rufián, a todos los que andan en el juego antisistema e independentista, recuerde que Aldous Huxley avisó de que «cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje».

Ahora, elector, entre unos y otros, hemos creado una situación de desgobierno que pone en peligro lo logros conseguidos por todos los españoles desde 1978. Ahora, elector, hemos tensado las relaciones entre españoles que, en el caso de Cataluña, alcanza niveles que este cronista prefiere no definir, pero que toda España comprende. Y ahora, ¿qué, elector? Ahora, en el mejor de los casos, cabe esperar que los líderes pasados y presentes con más capacidad y sensatez sean capaces de encarrilar el tren del país antes de que toda España sea Angrois. Ahora solo cabe esperar que no caiga en saco roto el mensaje lanzado por líderes en activo como Alberto Núñez Feijoo o por otros en la reserva como el ex presidente Felipe González. Y muy especialmente, más vale, elector que de verdad ama la libertad, la paz y el progreso, que haga cada día un esfuerzo, en su propio entorno, para llevar la sociedad por la senda de la convivencia. Tenga en cuenta que la historia está llena de buenas gentes, de sociedades enteras, que se hicieron muy tarde esta pregunta: Y ahora, ¿qué? Ya saben lo que ocurrió.