Bloque, el independentismo de cara amable (por ahora

Lugo, 26 de octubre de 2019

Enrique G. Souto

El maestro de periodistas que fue Ryszard Kapuściński dejó escrito: «La ideología del siglo XXI debe ser el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso». A pocos españoles les cabe hoy duda alguna acerca de lo peligroso que es el nacionalismo. La historia lo demuestra y el presenta lo ratifica. Superado los terribles años de plomo del terrorismo etarra, se desató la locura nacionalista en Cataluña. Mientras, en Galicia el nacionalismo escurridizo que representa el Bloque no ha dejado de avanzar. Agarrado a la teta del poder, siempre que el PSOE se lo permite, va poniendo a prueba sus estrategias y alianzas, va consolidando mediante el erario la cultura política que, como en Cataluña, espera que haga posible que una parte de la sociedad suficientemente amplia se lance a la calle a reclamar la independencia. El nacionalismo, enemigo del humanismo global, encuentra en el PSOE el cuerpo político al que parasitar a la espera de alcanzar el desarrollo necesario.

El nacionalismo en Galicia está dispuesto a soportar casi cualquier afrenta del PSOE a condición de avanzar subido a su lomo. En Lugo se ve muy bien, se vio muy bien durante los últimos años, aunque al Bloque no siempre le saliera bien, finalmente, la estrategia. Agarrado al PSOE, el BNG fue y es parte del gobierno de la capital y del gobierno provincial. Es un Bloque suave, nada estridente; es la cara más amable del nacionalismo de izquierda. Al menos en el Ayuntamiento, los socialistas pilotados por Lara Méndez los ningunean siempre que tienen ocasión. Pero los ediles nacionalistas no se dan por enterados. Están a lo que están.

Más llamativa aún es la situación del Bloque en la Diputación. El independentismo lleva años y años exponiendo su deseo de borrar a las diputaciones del aparataje institucional del Estado. Pero ahí están: gobernando la institución que quieren hacer desaparecer. Hay que entender que trabajan desde dentro para hundir la Diputación; no cabe otra interpretación, por más explicaciones que den.  Y sus protectores son los socialistas; a cambio de los votos que precisan para gobernar, renuncian a su condición de partido español, como hace mucho tiempo que renunciaron a la condición del partido obrero. En el camino de la Historia, el PSOE (no solo el PSOE) tendrá que afrontar algún día la  responsabilidad de su interesada connivencia con el nacionalismo independentista,

En la que llaman Declaración de la Llotja de Mar, el Bloque acaba de suscribir con ERC, JxCat, PDeCAT, CUP, Demòcrates, la Crida Nacional per la República, EH Bildu, BNG, Esquerra Valenciana, República Valenciana, Més per Mallorca y Més per Menorca un manifiesto por la autodeterminación. Eso es el Bloque, el independentismo que pasó de la hosca expresión de los coroneles a la cara (aún) amable, a la expresión risueña y tranquila de sus lideresas y de sus líderes. El Bloque, para que lo entiendan, de Rubén Arroxo, un concejal joven, sonriente y amable. Pues a ese nacionalismo escurridizo da soporte el PSOE en un buen número de ámbitos institucionales. Si alguien tenía dudas, la Declaración de la Llotja de Mar se las disipa. Salvo al PSOE, que hace como que no se entera y olvida que Kapuściński avisó que el nacionalismo es intrínsecamente malo, entre otras razones porque cuando el problema es el otro, la solución implícita de ese problema siempre será el otro. En el País Vasco y en Cataluña se vio claro. ¿O no?