Urnas de noviembre, la elección entre estabilidad y caos
Lugo, 5 de octubre de 2019
Enrique G. Souto
Desde Camus se sabe que es posible que lo que hacemos no traiga la felicidad, pero es seguro que, si no hacemos nada, no habrá felicidad. En España, país que se ha ido aficionando de modo desmedido a acudir a las urnas, viene una cita electoral de especial transcendencia. Y es un buen momento para recordar lo que dejó dicho el filósofo y escritor de origen argelino. Si los ciudadanos no hacen nada, si no reaccionan y acuden a las urnas con una idea clara de la España que quieren, no habrá felicidad. Si, de nuevo, los españoles optan por un batiburrillo de partidos, entonces, otra vez, estaremos instalados en la misma situación de inestabilidad que obliga a repetir las elecciones generales.
La dura crisis económica, que dejó a tantos españoles en la cuneta del empleo, provocó reacciones electorales que dieron los resultados ya conocidos: Vox, Podemos y todas las variantes posibles de eso a lo que llamamos mareas, que solo han hecho complicar el panorama político español. Es hora de que los ciudadanos decidan si quieren un rico mosaico de partidos que haga prácticamente imposible gobernar el país o retornar a la senda del bipartidismo, que tan eficaz demostró ser para generar estabilidad, crecimiento económico y, por añadidura, bienestar. Es el momento de decidir si, por la vía electoral, se quiere hacer algo, que quizá no dé la felicidad, o no hacer nada, dejar las cosas como están y garantizarse días de infelicidad. Porque vendrán esos días si no hay un Gobierno estable, que pueda dirigir el país con solvencia y, si fuera necesario en alguno de los más relevantes asuntos de Estado, con el apoyo del otro gran partido español.
A los ciudadanos que están llamados a las urnas compete decidir entre hacer algo o no hacer nada para cambiar el actual estado de cosas. Desde la moción de censura que llevó al socialista Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno se ha demostrado con claridad absoluta cuánta razón tenía el intelectual de origen argelino cuando dijo que «el éxito es fácil de obtener, lo difícil es merecerlo». Sánchez, bajo el halo protector de la baraka que lo ampara, logró desplazar a Mariano Rajoy. Desde entonces, ha demostrado que no merece el éxito. Alguien que, como él, es capaz de defender una cosa y su contraria casi al mismo tiempo, que es especialista en desdecirse de lo dicho hasta que le interesa volver a decirlo, no merece el éxito de volver a la presidencia del Gobierno. En todo caso, España no merece pasar de nuevo por la tortura de un gobierno inestable, preocupado únicamente de su diaria supervivencia. Por eso es tan importante que, en el camino a las urnas, los votantes españoles lo hagan con la conciencia de hacer algo para cambiar las cosas. Quizá no sea el remedio que conduzca a la felicidad, pero, como avisó Camus, no hacer nada es garantía de que no la habrá. Y será responsabilidad de cada uno, personal e intransferible. Como el voto.