Los riesgos de que los líderes confundan querer ser y creer que ya se es

La sociedad pagará en empleo y confusión la impericia del socialista Pedro Sánchez en el diseño de la transición energética

Lugo, 28 de septiembre de 2019

Enrique G. Souto

En los grandes protagonistas de la política española se da con frecuencia el error de confundir el querer ser con el creer que se es ya. Es una confusión que resulta muy peligrosa para quienes sufren las consecuencias de las acciones de los políticos, pero también lo es para los propios protagonistas, porque ya avisó Ortega de que tal error es la distancia que va de lo trágico a lo cómico. Por eso, algunos de los protagonistas de la vida política nacional resultan extraordinariamente cómicos, aunque, en aquellos casos en los que asumen las más altas responsabilidades de gobierno, acaben por acercarse al otro extremo del camino, a lo trágico. En Galicia, en Lugo, se ve muy bien la gravedad que tiene para los administrados el hecho de que Pedro Sánchez confunda sin descanso el querer ser con el creer que ya es. La disparatada política industrial del Gobierno de Sánchez, en relación con la necesaria transición energética, va camino de dejar a Galicia, y señaladamente a la provincia de Lugo, convertida en un erial de empleo industrial, gracias al desastre que se cierne sobre la térmica de As Pontes y las dificultades que atraviesa la planta de Alcoa en San Cibrao. Hay muchos más perjudicados España adelante, sí, pero los dos casos citados son claros exponentes de las consecuencias del error al que se refirió Ortega.

    Sánchez, hombre de títulos dudosos, no parece inclinado a imitar a Suárez. El de Ávila, consciente de las limitaciones de su formación académica, dedicó en sus primeros meses de gobierno muchas noches a estudiar Economía, con ahínco. El presidente madrileño no parece haberse parado mucho a estudiar las consecuencias de programar una transición energética que va camino de acabar, sin solución alternativa, con factorías que dan trabajo a miles de españoles y son motor de grandes comarcas. Y así se llega a lo de Alcoa-San Cibrao y al desastre de As Pontes. Es lo que cabe esperar, son las consecuencias de que ejerza el poder alguien que confunde el querer ser con el creer que ya es. Pero no, Pedro Sánchez no ha demostrado hasta el momento tener madera de estadista, está muy lejos de «ser ya»; es un resistente, sí, un superviviente. Fuera quien fuese el que tituló el manojo de páginas en forma de libro que firma el propio Sánchez, acertó de lleno: Manual de resistencia. De eso sí que sabe.

    Tras la milonga de la transición energética se esconden grandes intereses económicos, que nunca llegarán a conocerse ni en detalle ni en su totalidad. Hay momentos en los que son precisas transformaciones profundas para que el gran capital mantenga sus altísimas rentabilidades y la sociedad siga en los carriles que más les interesan. En España conocimos una de estas transiciones; se llamó reconversión y dejó a miles y miles de trabajadores en la cuneta del empleo. Aún no hemos salido de una crisis económica que fue una verdadera revolución del capitalismo, que creó las condiciones adecuadas para lo que ahora se llama transición ecológica. Estamos en sus inicios, pero ya son visibles, ya se dejan ver con claridad cuáles serán sus consecuencias en el campo del empleo. En momentos así, las sociedades necesitan en el puente de mando a hombres y mujeres que no confundan el querer ser con el creer que se es ya. En España, señaladamente en Galicia, está claro el riesgo de que no sea así. A la sociedad española se le abre, en las elecciones de noviembre, la posibilidad de conjurar ese riesgo. Ortega dejó dicho en frase que hizo historia: «Yo soy yo y mi circunstancia». Y aclaró que las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pues eso, llega el momento de decidir qué líderes queremos, hay que elegir entre los que ya son y los que creen que ya son. Conviene no equivocarse. Los trabajadores de Alcoa-San Cibrao y As Pontes lo saben bien.